PERSONAL SHOPPER Y SOBREVIVIR A UN DIA DE OUTLET EN FAMILIA

Tal vez este artículo no sea más que un conjunto de circunstancias anecdóticas. Tal vez una personal shopper pueda verse identificada. No lo sé...
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Maquillaje y maquilladora van de la mano
Imagen publicada mi cuenta de Instagram @EvaFontenla

¿Cuántas veces hemos leído consejos para no quemar nuestras tarjetas de crédito a la hora de ir de compras aprovechando ofertas, outlets o rebajas? Cualquiera que haya ejercido de personal shopper alguna vez los tendrá claro. Pero todo puede cambiar si vas con tu madre y dos niños (tu hija y tu marido).

Antes de seguir quiero aclarar que el shopping es una de mis pasiones. Me pasaría horas probando y comparando ropa, complementos, cosméticos, fragancias… Sí, me encanta ir de compras tanto si son para mi como para otros. Como muchas de vosotras, intento buscar las fechas y horas oportunas para evitar aglomeraciones. No siempre se puede, es cierto, pero se intenta. ¿No es verdad?

En esta ocasión pude escoger un martes por la mañana. Hacía un sol espléndido, así que siendo julio, mucha de la gente que disfrutaba de sus vacaciones, estaría en la playa. Además, tenía claro a lo que iba. Sabía que mi mi madre quería un bolso y sabía también lo que necesitaba mi marido. De mi hija, no podía esperar gran cosa. Tiene cuatro años y prefiere una moneda de cincuenta céntimos que un billete de cincuenta euros. Porque es moneda y es dorada. Como en Frozen.  Pero tenía que aprovechar y probarle unas sandalias que habían puesto con un ochenta por ciento de descuento en La Roca Village, además, allí hay un parquecito para niños fantástico cubierto por árboles que dan una sombra estupenda.

Mi intención era despachar a los dos niños cuanto antes y quedarme el resto de la mañana con mi madre. No os lo he dicho, pero mi madre vive en A Coruña, a mil doscientos kilómetro de distancia y, cuando nos juntamos, intentamos disfrutar al máximo tratando de no discutir, siendo amables la una con la otra, ayudándonos en lo que podemos y riendo de tonterías. ¡Estoy segura de que algún día lo conseguiremos!

Una maquilladora de compras con su madre

Personal Shopper para todos.

Llegamos al village y, tal y como estaba previsto, no había aglomeración. Encontramos aparcamiento cerca de una de las entradas y no se veían colas por ningún sitio. ¡Genial! Todo iba por buen camino hasta que me di la vuelta y vi que mi madre había desaparecido. ¡Empezamos bien! – dije.

-¿Serán sandalias de Elsa? -preguntó mi hija-.

-Elsa no llevaba sandalias, cariño -respondió mi marido-. Pero si te portas bien de postre habrá helado, en el McDonald’s. 

Por lo que parecía, no sólo había decidido que comeríamos en McDonald’s, sino que ya usaba el chantaje como punto de partida.

-Este calor es insoportable -dijo mi madre, que había aparecido de la nada.

-¿Dónde te habías metido? -le pregunté-.

-Allí, en esa tienda -dijo-. Ví en el escaparate un traje que estaba rebajado tres mil euros. Pero al entrar me di cuenta de que costaba cinco mil quinientos. Así que…

Pensé que lo mejor era hacer un cambio de plan y dedicarme primero a las compras de mi madre.

Una personal shopper (aunque acompañe a su madre) debe tener la mente despejada. - Tuitéalo          

Dejé a los niños en el parque para poder ponernos manos a la obra. Una personal shopper, aunque acompañe a su madre, debe tener la mente despejada. Y, tras pasar por Bimba y Lola, Furla, Swarovski, Gucci, Versace, bdba, Hacket, volver a perder a mi madre, Jimmy Choo, Guess, Carolina Herrera, Escada y encontrarla otra vez en Bimba y Lola, se había decidido por el bolso que yo le había aconsejado en un principio.

-¿Es de temporada? -me preguntó.

-Mamá, tiene una rebaja del ochenta por ciento.

-O sea, que no es de temporada. -dijo mientras una de las dependientas me miraba de reojo. Y lo dejó otra vez en la estantería.

A través del escaparate vi a mi hija que venía con bolsas de Camper.

-¡Mira mamá! -gritaba mi hija- ¡Mis sandalias! ¡No son de Elsa y me gustan!

-No me mires así -me dijo mi marido orgulloso- estaban de oferta. Un veinte por ciento de descuento. Y encima no tienen nada que ver con Frozen.

Me pasé la mano por la cara, conté hasta diez al revés y respiré hondo.

-¿Pero yo no os había dejado en un tobogán? -Le dije manteniendo un tono pausado.

-¡Estas sandalias me aprietan! -gritaba mi hija, que se había “embutido” los pies sin que me diese cuenta-. ¡Y ahora no sé sacármelas!

Y no, el padre no se las había probado. Decidió darle una sorpresa mientras la niña estaba entretenida trepando por una de las redes del parque infantil.

Al tiempo que intentaba quitar a mi hija las sandalias teniendo que soportar sus gritos porque ahora resultaba que ‘no le gustaban porque no eran de Elsa’, me iba dando por vencida. Creía que hasta ahí había llegado mi paciencia. Pero descubrí que todavía me quedaba algo cuando vi que mi madre ya no estaba en la tienda. Otra vez la había perdido. Por fortuna no estaba lejos esta vez. Había acompañado a mi marido a Chocolate Factory. El niño estaba dándole a probar una Bola Tiessler.

Como podréis imaginar, la cosa no acabó ahí ni mucho menos, pero he decidido acortar la historia. Por lo que me han dicho, la mayoría de vosotras accedéis al blog desde el teléfono y no hay nada peor que leer un post largo en una pantalla pequeña. No sé si seguiré contando la historia en la siguiente publicación o si intentaré borrarla de mi memoria. Tal vez me atreva a explicaros cómo me perdí de camino al McDonald’s y cuánto tardaron en encontrarme. Seguro que los niños no se olvidarán de eso.

-¡Mira mamá! -gritaba mi hija- ¡Mis sandalias! ¡No son de Elsa y me gustan! - Tuitéalo          

¡No olvides comentar y/o compartir! ¿Nos vemos el próximo domingo?

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